Reflexión personal

El arte es una forma de vida que requiere dedicación, concentración y reflexión.

Se constituye de acciones  reveladoras y netamente humanas, por lo que también el arte es diferenciador de universos y, en mi opinión, tiene como función el cuestionamiento. Sin éste, no hay arte.

Cada obra es una propuesta crítica para el que la realiza tanto como para el que la observa, quien configurará sus propios relatos íntimos.

El arte exige una consecuente apertura de miradas y enfoques; nos vuelve un poco egoístas.

Al momento de la realización de la obra, el que genera la imagen despliega sus recursos en la búsqueda de sentidos, sabiendo que se completará y validará precisamente cuando deje de “pertenecerle” y así dar comienzo y curso a una nueva imagen.

Es este devenir lo que le dá a la obra una vida “independiente” y la transforma en el relato de algo orgánico, aún cuando el producto en sí mismo no lo sea.

Uno siempre representa su entorno; lo que vé y lo que vive. Cada momento y detalle de la propia existencia se revela para recordarnos quienes somos.

Por suerte, los humanos portamos un componente animal, sensible y, en mi caso, solitario. Es este componente el que nos vuelve rebeldes y, a veces, artistas.

El artista intentará una y otra vez realizar “la” obra para poder morir y nacer simultáneamente.

La cuestión del arte es el deseo.

Sandra Carolina Bagnato